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THE END
Frase que reza en la última página de la saga Asedio. Quizás la obra más anacrónica de su autor en todo el tiempo que lleva como guionista de Marvel. Cuatro números de autenticas concesiones visuales llevadas con maestría por Olivier Coipel (responsable también de Dinastía de “M”), tan rápidamente ejecutados que apenas da tiempo para pararse y respirar; sin extensos diálogos ni construcciones de personaje. En definitiva, un evento algo irregular (principalmente todo lo que conlleva al personaje de El Vigía), pero no carente de espectacularidad, al que nuevamente se unen el resto de colecciones, encargadas de pulir los flecos que deja ésta. Asedio es el "The End" (quizás no tan en mayusculas como se esperaba) encargado de pasar página; duro y conciso.
Se cierra así el circulo que Brian Michael Bendis comenzara hace ya más de seis años con Vengadores Desunidos cuando aún solo podíamos intuir levemente lo que sería capaz de llevar a cabo. Ahora ya nadie discute que su obra faraónica con los Vengadores es la otra cara de la misma moneda que ya en los años ochenta Chris Claremont acuñara con los Mutantes.
Toda una “Dark Age” nos ha puesto a un villano megalómano y desequilibrado como jefe de la seguridad de América, y no solo a él, sino a todo un Cónclave de Antagonistas Marvelianos (desde el Dr. Muerte hasta Emma Frost, pasando por Namor o El Encapuchado). Le ha dado la vuelta a las tornas, y los actos más discutibles y taimados se han tornado en justos y maquiavelicamente coherentes. Un villano con ínfulas embarcado en su particular caza de brujas e intentando escapar del duende que lleva dentro , un dios nórdico de las mentiras lleno de resentimiento fraterno y un Vigía cuyo mayor enemigo es él mismo, son los eslabones forjados durante más de un año que han desencadenado en estos últimos número encargados de cerrar todo un ciclo. Quedando así definida la saga de Asedio como la caida de estos tres hombres, o lo que es lo mismo, como la vuelta a la razón y a la luz.

Para regocijo de unos y desolación de otros el final ha llegado. Una etapa llega a su fin. Quizás demasiado imbuida en la estética más ochentera (oscurantismo y humanización) pero que ha dado grandes hitos que pasarán a la historia de las páginas ya escritas como de la memoria de todos los lectores Marvel. Será difícil olvidar los estragos derivados de Dinastía de “M” (que aún hoy están presentes en las cabeceras mutantes), el choque entre amigos y héroes surgido en Civil War y el cambio en el status quo tras Invasión Secreta con Norman Osborne. Será difícil olvidar ya los conceptos que, como Asgard, han sido derribados a su paso, ni tampoco las muertes con las que se ha ido sembrando este largo camino.
¿Y que nos ha dejado esta última ensoñación del Rey midas de Marvel? Nos ha dejado malos vestidos como buenos, nos ha dejado la gran evasión del Hombre de Hierro y los Guerreros Secretos de Nick Furia, pero sobre todo, nos ha dejado la lucha del Héroe por volver a ser el adalid del pueblo llano, por reencontrarse con aquello que lo ensalzó como lo que es, y sobre todo una nueva casta de Vengadores capaz de llevar a cabo la “Era Heroica” para la que siempre han estado preparándose.
Hay dos momentos que cierran a la perfección todo este Carnaval de luces y sombras (a la par que cierran sus correspondientes cabeceras) que nos ha acompañado durante este tiempo, y esos son el último número de Nuevos Vengadores y de Oscuros Vengadores. En uno la razón y en otro la locura ponen el punto y final al Marvel más actual.
¿He dicho punto y final o punto y seguido? Pronto lo sabremos.

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